sábado, 14 de agosto de 2010

Se cae a pedazos cementerio viejo






Estas fotografías tomadas por el general Rafael Leonidas Pérez y Pérez el pasado viernes 13, muestran el estado de deterioro y abandono en que se encuentro el cementerio viejo de nuestro querido Duvergé. Estas fotos hablan por sí misma, pues presentan las condiciones en que se encuentran las tumbas y el yerberismo que rodea todo el Campo Santo. Estoy de acuerdo con el doctor Pérez y Pérez de que se debe declarar el cementerio patrimonio municipal y darle el cuidado que se merece. ¡Ay, Cuánto de nuestros ancestros descansan allí! Honremos sus memorias.
Salud, también, la iniciativa del doctor Pérez y Pérez de visitar el Campo Santo con la antoprologa Clenis Tavares María, del Museo del Hombre Dominicano, para determinar la edad del cementerio.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Ponen en circulación obra de Yeudy Pérez







“Casos de mi calle”, del escritor y poeta sureño Yeudy Pérez fue puesta en circulación el pasado sábado en el salón de actos de la Cooperativa Nacional de Servicios Múltiples de los Maestros (COOPNAMA).
La obra, que narra remembranzas y añoranzas del pueblo de Duvergé, es el fruto de una mente fecunda y consagrada que ha vivido navegando permanentemente en el inmenso océano de las letras.
El médico oncólogo e historiador, General de Brigada del Ejército, Rafael Leónidas Pérez y Pérez, hizo un esbozo de la trayectoria del poeta, escritor costumbrista y declamador Yeudi Pérez, destacando sus condiciones dentro del mundo de las letras.
“Su numen comenzó a surgir en el 1965 aproximadamente, pero sus primeros versos se publicaron más tarde en los periódicos mensuarios y semanarios “Acontecer Sureño” de San Cristóbal; “La Asociación”, “El Día” y “La Voz de Haina”; así como en los matutinos “Listín Diario” y “Hoy” de Santo Domingo y en el vespertino “La Noticia”.
Destaca además que Yeudy es autor de varias obras inéditas e inconclusas entre las que citó “Versos Alegres”, “La Hija del Barbero” y “La Caída de una Reina” (novelas), “En el Hospital” (cuento), y “Señora Vejez”, obra filosófica que trata de la vida y la muerte.
“Esta obra, escrita en prosa, biografía una diversidad de personajes, paisajes, costumbres y situaciones vividas dentro de un contexto real o parecido, resaltando en cada anécdota o relato un final jocoso, feliz y a veces melancólico”, subraya.
“Como podemos captar, Yeudi escritor toca lo humorístico en ¨Cosas de mi calle¨. Lo humorístico, de acuerdo a Ángel Lacalle en su “Teoría Literaria y Breve Historia del Español”, “es una fusión de lo festivo y de lo serio, de lo alegre y de lo triste, de lo razonable y de lo absurdo. La burla con aspecto de solemnidad. En el humorismo no hay pasión ni apasionamiento como en lo satírico. “Es como la risa entre lágrimas, el salto brusco de lo trágico a lo cómico.” El humorismo quita importancia a lo trascendental para equipararlo con lo insignificante; por eso encierra una visión amarga del mundo y de la vida.
Sócrates Suazo, editor de la obra, al agotar un turno hizo un recuento de las condiciones y la perseverancia del autor, que durante dieciocho meses, se mantuvieron en una constante vinculación a fin de afinar debidamente las etapas del libro.
A la actividad asistieron importantes personas de la vida nacional y del municipio de Duvergé.
En la mesa de honor estuvieron el general retirado Luis María Pérez Bello, el senador de Independencia, Ing. Juan Orlando Mercedes Sena, el presidente de la Asociación de Duvergenses Residentes en el Distrito Nacional (ADUREDIN), Ing. Nerys Mercedes Sena y el Señor Sócrates Suazo, editor de la Obra, entre otros.
Finalmente Yeudi Pérez, al dirigirse a los presentes, no pudo ocultar la emoción que le embargaba al observar, la respuesta positiva, que le habían dado sus compueblanos en un momento como este.

jueves, 5 de agosto de 2010

Colocan insignias póstumas héroe Antonio Duvergé



El Ministerio de las Fuerzas Armadas realizó un acto solemne en el Panteón de la Patria para colocar de manera simbólica y póstuma las insignias al héroe independentista Antonio Duvergé Duval, a quien se le restituyó su rango de General de División, equivalente actualmente a Mayor General, E.N.

La restitución del rango a Antonio Duvergé se hizo efectiva por orden del presidente Leonel Fernández, mediante el decreto No. 284-10, de fecha 29 de mayo del 2010.

El acto estuvo encabezado por el vicepresidente Rafael Alburquerque y el ministro de las Fuerzas Armadas, Pedro Rafael Peña Antonio, quien resaltó el valor del general Duvergé durante la gesta patriótica independentista y exhortó a los dominicanos a emular su amor y entrega a la Patria.

Luego de las palabras del ministro de las Fuerzas Armadas, fue depositada una ofrenda floral por el profesor José Delmonte, director del Panteón de la Patria, quien luego cedió la palabra al general de Brigada, Rafael Leonidas Pérez y Pérez, quien leyó la semblanza de Duvergé.

En la actividad estuvieron presentes los jefes del Estado Mayor General, Estado Mayor Conjunto, oficiales generales y almirantes, así como también descendientes del general Antonio Duvergé, funcionarios y personalidades de la vida pública nacional.

Cosas de mi calle




El poeta y escritor Yeudy Pérez pondrá en circulación este sábado el libro “Cosas de mi calle”, obra costumbrista, escrita en prosas, y basada el relato de las vivencias, hábitos costumbres y situaciones sociales de Duvergé.

En la obra el autor hace una descripción autobiográfica de cada uno de los personajes a los que describe en el libro.

Los actores de esta producción literaria son personajes que están vinculados a las provincias de Pedernales, Independencia y Bahoruco.

En el pasado reciente el vate Duvergense ya había publicado la obra, “Lirismo de mi Pueblo”, expresión literaria subjetiva, con una aceptación muy importante dentro de los conocedores del mundo de las letras y la versificación.

El poeta y escritor Yeudy Pérez, es autor de otras obras aun inéditas de diversos géneros, como son: versos alegres, las novelas La hija del Barbero y la Caída de una reina, el cuento En el Hospital y Señora Vejez, obra filosófica que trata sobre la vida y la muerte.

La obra “Cosas de mi calle” será puesta en circulación a la 6:00 de la tarde, en el local de la Cooperativa Nacional de los Maestros (COOPNAMA), ubicada, detrás de la torre del Banco Popular Dominicano, en la Av. Máximo Gómez Esq., J.F. Kennedy. Santo Domingo de Guzmán, Distrito Nacional.

martes, 18 de mayo de 2010

EL SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO, CONSOLADO Y YO.





Por el doctor RAFAEL LEONIDAS PÉREZ Y PÉREZ.


En cierta ocasión, yo niño, de algunos cuatro años de edad más o menos, viviendo con mis padres y hermana (el hermano Héctor Manuel no había nacido aún) en una casa alquilada a sus propietarios, la pariente Amalia Mercedes de Vólquez (Amalia Pelón) y Herminio Vólquez (Pelón), ubicada en la calle La Canela esquina Enriquillo; observé que nuestra trabajadora doméstica de entonces, dejó entrar a un señor del pueblo que buscaba, huyendo despavorido y temeroso, refugio en nuestro hogar.

Se trataba de Consolado que tenía que presentarse al Servicio Militar Obligatorio de la Era de Trujillo y fue escondido por su amiga la trabajadora doméstica nuestra, debajo de una cama que había en una especie de anexidad a la casa, aprovechando que mis padres trabajaban fuera del ámbito pueblerino o citadino a la sazón.

Me di perfecta cuenta cuando la señora del servicio ocultó al angustiado y ansioso Consolado. Esto me picó la curiosidad y hasta una conjetura surgió en mi infantil cerebro. Percibí mucha confianza entre estas dos personas. Previamente les ví hablar en más de una ocasión con notoria camaradería.

De repente con estrépito entró un miembro del Servicio Militar Obligatorio que perseguía a Consolado, y sin preámbulos preguntó a la doméstica: _ ¡¿Vio usted entrar a un hombre aquí huyendo?!

_¡No!-dijo a secas y con firmeza la señora del servicio.

_¡¿Está usted segura?!-insistió el interlocutor.

_¡Sí señor!-respondió la mujer con el tono de antes.

Estoy contemplando la escena y escuchando el diálogo enérgico.

Me acerco y digo al perseguidor con mi vocecita infantil y levantando la sábana de la cama del ocultamiento:_Yo ví al señor cuando entró huyendo y se escondió aquí.

Y agrego señalando al fugitivo:_¡Míralo donde está!

Fue de un solo tirón que sacó el personaje supraindicado a Consolado oculto debajo de la cama.

Mi padre llegó en ese instante e inquirió qué estaba pasando.

Los adultos involucrados dieron explicaciones.

Consolado en 1995 en New York donde reside, con jocosidad conversando con quien esto escribe, se refirió a este episodio.

Hoy Consolado, casado con Ceida, son uña y dedo.

Son mis amigos y compueblanos queridos.

Desde Santo Domingo, Distrito Nacional, República Dominicana, les extiendo hasta la Gran Manzana (EE.UU.) un fuerte abrazo.

miércoles, 12 de mayo de 2010

TREMENDO CHASCO!





Por el Dr. RAFAEL LEONIDAS PÉREZ Y PÉREZ.


José Angelia y yo, de noche, estudiábamos para sendos exámenes al otro día temprano, en la UASD, en la pensión de Negrita Pelón de la entonces calle 12 luego Maniocatex.

Aparece Bolívar Gambao con “un alambique en la mente” y nos invita a tomarnos unas “frías” en un centro de diversión de la cercana calle 18 en el ensanche capitalino Quisqueya, ensanche donde vivíamos.

Le dijimos a Bolívar que no podíamos, que muchas gracias, que teníamos exámenes al otro día bien temprano en la universidad.

Insiste Bolívar con que él es el que va a pagar, que regresamos enseguida.

Entra Negrita en escena y le dice a Bolívar que nos deje quietos, que estamos estudiando.

Se va Negrita y Bolívar como la serpiente del Jardín del Edén, vuelve con lo que él es el que va a pagar, que regresamos enseguida.

José Angelia es el primero en caer ante las insinuaciones de Bolívar, y expresa: -Rafalito, vamos y regresamos enseguida. Nadamás tomaremos una.

Vi esta propuesta como un “stop” para luego proseguir estudiando (en realidad yo estaba repasando mi asignatura de ocasión porque ya la había estudiado).

Le dije a José Miguel (José Angelia) y a Bolívar: -¡Vamos!.

Llegamos al lugar de diversión caminando por la calle de tierra roja (aún no estaban pavimentadas las calles del Ensanche Quisqueya), mojada por la lluvia que previamente había caído.

Nos sentamos los tres en una mesa, sin parejas, y Bolívar pide la primera “fría” (cerveza) en botella grande.

A poco Bolívar se dirige a la barra del centro de diversión y observamos que ni corto ni perezoso se dispuso conversar con una flaca fémina, trabajadora sexual que usaba minifalda.

Llega de repente (le puse imaginariamente la música de la serie televisiva “Bonanza”) un sargento de la Policía Nacional bien fornido, tan fornido que parecía que las insignias de sargento iban a saltar al romperse las mangas cortas de la camisa de su uniforme por la presión de los enormes bíceps.

El sargento se acerca a la barra dejando previamente al conductor y otro agente del orden público, a cargo del “cepillo” en que andaban patrullando.

-¡Qué vaina esta! -dije por mis adentros.

-¡Este cerquillo militar me delata! –pensé en que como militar no debía estar en ese sitio al que nos había llevado el asiduo cliente del mismo, Bolívar Gambao, el tío.
-¡Bien, no pasó nada, se fue el sargento! –respiré al observar que el suboficial no estaba.

Noto que Bolívar tiene mucho tiempo sin sentarse y que por ende no está compartiendo con nosotros en la mesa.

Le pido a José Angelia que fuéramos a buscarle porque su ausencia tan larga nos está preocupando.

Vamos a la barra y allí al bartender le pregunto con cara de yo no fui, que hacia dónde se van las mujeres a hacer sexo con los hombres.

Me dijo muy amablemente que a unas casas por unos callejones de la parte norte (“un semillero”) de la calle en que estábamos en ese momento.

Pagamos la cuenta en su totalidad por lo consumido, y como si fuera el protagonista de una película de vaqueros, le dije a José Angelia: -¡Sígueme!.

Partimos a buscar al lugar indicado a Bolívar porque debíamos regresar para terminar de prepararnos para nuestros exámenes y ya se estaba haciendo bien tarde esa noche.

Se nos quedó la brújula y un mapa del lugar.

Bolívar varias veces en la pensión de Negrita Pelón, a nosotros y a otros nos había hablado reiteradamente del “Pega Palo”, de la yohimbina, etc., como “tonificantes” sexuales.

Estábamos chivos con lo de la potencia sexual de Bolívar.

Nos metimos José Angelia y yo por los susodichos callejones y caminando un rato, no habíamos obtenido resultado de encontrar a Bolívar sano y salvo, o por lo menos salvo, porque cuando él nos invitó ya estaba “medio chupado”, y con un vaso más de la cerveza servida en el centro de diversión de la calle 18 (luego Jaragua), ya estaba caminando como un péndulo (él se emborrachaba o emborracha enseguida con poca bebida alcohólica).

De repente, oímos ruido en una casa de madera y me dijo José Miguel: -¡Rafaelito, vamos a mirar por esa rendija para ver si es él que se fue con una trabajadora sexual!

Asentí y cuando nos disponíamos a fisgonear escuchamos salir de esa casa unas frases femeninas compatibles con un sexo en plena acción y dando excelentes resultados.

Dije (no sé si con envidia por no ser yo el macho cabrío de ese momento, o por la alegría de creer haber encontrado a Bolívar Gambao) en voz baja pero admirado:

-¡José, lo encontramos!

-¡Pero Bolívar es un duro, y uno que pensaba que era flojo!

-¡Se la está comiendo!-proseguí.

¡Oh, frustración!

¡De repente salió de otro callejón y viene hacia nosotros, Bolívar Gambao llenito de lodo rojo!

-¡Este pendejo carajo, míralo ahí! -exclamé furioso por habernos hecho perder tanto tiempo.

-¡No embrome!- proseguí hablando con José Angelia.

Hice una rápida deducción de cómo acontecieron los hechos, a saber:

Bolívar fue a la barra a contratar a la flaca trabajadora sexual.

El sargento policial era “chulo” de ella y la mujer dejó a Bolívar en la gatera.

El tiempo que Bolívar duró “desaparecido”, era buscándola a ella por los callejones donde quedaron en juntarse.

Comprobamos todo esto porque a poco tiempo vimos al sargento y la mujer, salir de la casa donde se entregaron al placer y al amor.

Ahora fuimos nosotros que invitamos a regresar a la pensión de Negrita Pelón donde residíamos, a Bolívar Gambao, nuestro gallo no “peliao” y sí “ajumao” y de lodo “pintao”.

¡TREMENDO CHASCO!

El anecdotario de Bolívar Gambao es extenso.

lunes, 10 de mayo de 2010

EL GALILEO GALILEI DUVERGENSE.





POR EL DR. RAFAEL LEONIDAS PEREZ Y PEREZ.

ES VERDAD QUE MIENTRAS UNO ESTE VIVO TIENE QUE OIR Y VER MUCHAS COSAS.

GALILEO, EL ITALIANO UNIVERSAL, AFIRMO PARA LA ETERNIDAD RESPECTO AL PLANETA TIERRA, NUESTRO PLANETA, QUE: "...SIN EMBARGO SE MUEVE".

CIERTA VEZ, A LA CASA-PENSION DE NEGRITA PELON, LLEGO DE VISITA EL PARIENTE RADHAMES GELIN.

LLEGO EN EL PRECISO INSTANTE EN QUE UN GRUPO DE NOSOTROS TRATABAMOS LOS MOVIMIENTOS DE LA TIERRA Y OTROS CUERPOS CELESTES...

TOMO RADHAMES GELIN PARTE DE LA CONVERSACION Y RESPECTO AL MOVIMIENTO DE ROTACION DE NUESTRO PLANETA, DIJO: _SI, YO SE QUE LA TIERRA GIRA PORQUE CUANDO UNO VIAJA EN UN VEHICULO POR LA CARRETERA SE VEN LOS PALOS DE LUZ CORRIENDO Y CUANDO UNO HACE BORRACHE, TAMBIEN VE LA TIERRA DANDO VUELTAS...

NOS MIRAMOS SORPRENDIDOS UNOS A OTROS.

ESTABAMOS FRENTE AL GALILEO GALILEI DUVERGENSE.

OFREZCOME!