Con motivos de la celebración de las fiestas patronales de Duvergé, la Asociación de Duvergenses Residentes en el Distrito Nacional (Aduredin) anunció la realización de varias actividades religiosas, culturales y deportivas, entre las que se figuran una misa, una kermés, encuentro de softboll y un pasadía bailable.
Elvín Moquete, secretario de la entidad, explicó que la misa será oficiada el domingo 20 de julio en la Parroquia Santa María de Reina, en el sector Los Trinitarios a las 9:00 de la mañana.
En tanto que la kermés-encuentro softboll se realizará el domingo 27 en el play de softboll Los Trinitarios, en Santo Domingo Este, a partir de las 10:00 de la mañana.
El encuentro deportivo será entre un equipo de Duvergé y un equipo de la liga de Aduredin.
Ese mismo día, a partir de las 4:00 de la tarde, habrá un pasadía bailable, el cual será amenizado por el grupo de bachata “Kaifer”, en el mismo play de Los Trinitarios.
martes, 15 de julio de 2008
jueves, 3 de julio de 2008
Muere hijo de Henry Sarraff
NUEVA YORK.- Falleció en la ciudad de Nueva York el miércoles el joven Henry José Sarraff Peña, de 25 años de edad, hijo del diputado por Independencia Henry Sarraff.
El joven se debatió entre la vida y la muerte durante 72 horas luego de sufrir un infarto por lo que fue internado en un hospital de esa ciudad norteamericana.
El diputado por Independencia del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) viajó en el martes a Nueva York, donde fue requerido por los médicos para que autorice, junto a la madre del joven, Josefina Peña, quitarle los aparatos artificiales a los que está conectado desde el pasado domingo.
El joven Sarraff Peña concluía este mes de julio sus estudios de post grado en Administración de Proyectos en la Universidad de Nueva York.
El 30 de julio tenía programado graduarse de la carrera. Sarraff obtuvo notas sobresalientes en la Universidad Iberoamericana (UNIBE) hace varios años.
El joven se debatió entre la vida y la muerte durante 72 horas luego de sufrir un infarto por lo que fue internado en un hospital de esa ciudad norteamericana.
El diputado por Independencia del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) viajó en el martes a Nueva York, donde fue requerido por los médicos para que autorice, junto a la madre del joven, Josefina Peña, quitarle los aparatos artificiales a los que está conectado desde el pasado domingo.
El joven Sarraff Peña concluía este mes de julio sus estudios de post grado en Administración de Proyectos en la Universidad de Nueva York.
El 30 de julio tenía programado graduarse de la carrera. Sarraff obtuvo notas sobresalientes en la Universidad Iberoamericana (UNIBE) hace varios años.
martes, 1 de julio de 2008
Roban yipeta
El doctor José Fermín Pérez Peña denunció que desconocidos robaron su yipeta cuando estaba estacionado el parqueo de la oficina de abogados del doctor Mariano Germán, en la calle doctor Tapia Abreu esquina Paseo de los Locutores en el ensanche Evaristo Morales.
El doctor José Fermín Pérez Peña explicó que los ladrones aprovecharon que un agente policial que vigilia el parqueo subiera un momento a la oficina del doctor Germán para llevar el vehículo.
Dijo que el vehículo es una yipeta Mitsubishi Montero del 2001 color verdes, placa G-047016.
Pérez Peña llamó al jefe de la Policía, mayor general Rafael Guillermo Guzmán Fermín, para que la investigación en torno al robo de su yipeta sea agilizado.
Dijo que la substracción del vehículo ocurrió el pasado 11 de abril del presente año.
El doctor José Fermín Pérez Peña explicó que los ladrones aprovecharon que un agente policial que vigilia el parqueo subiera un momento a la oficina del doctor Germán para llevar el vehículo.
Dijo que el vehículo es una yipeta Mitsubishi Montero del 2001 color verdes, placa G-047016.
Pérez Peña llamó al jefe de la Policía, mayor general Rafael Guillermo Guzmán Fermín, para que la investigación en torno al robo de su yipeta sea agilizado.
Dijo que la substracción del vehículo ocurrió el pasado 11 de abril del presente año.
jueves, 1 de mayo de 2008
Dan No Ha Lugar a Ereren
Tribunal ratifica inocencia de oficial y deja al descubierto tinglado de mentiras de la familia de la Paz
La jueza del Tercer Juzgado de la Instrucción de la provincia Santo Domingo favoreció con un No Ha Lugar a un teniente coronel de la Policía, a un raso esa institución y dos civiles acusado de matar a un hombre en febrero del 2005.
El coronel Manuel Antonio Méndez Guzmán (Ereren), el raso José Manuel Echevarria y los civiles Geovanny Sánchez Roa y Milagros Antonio Echevarria Flores fueron favorecidos con la decisión de la magistrada Karen Mejía al no encontrar ningún elemento de pruebas que comprometieran su responsabilidad penal.
El oficial, el raso y los civiles fueron favorecidos durante el juicio preliminar ventilado ayer y que concluyó en horas de la anoche.
Los representantes del Ministerio Público pidieron al tribunal que el grupo fuera enviado a juicio bajo la acusación de supuestamente violar los artículos 295, 296, 297,298 y 302 del Código Penal, sin aportar pruebas.
La defensa de los inculpados estuvo encabezada por el doctor Freddy Mateo Calderón y la licenciada Ingrid Peña, Defensora Pública; Ambiorix Contreras y Juan Demóstenes Cotes Morales. Mientras que la parte civil la representó el doctor Tomas Castro.
Es la segunda vez que el oficial es favorecido con un No Ha Lugar, luego que la Cámara Penal de la Corte de Apelación de la Provincia Santo Domingo, en septiembre 2006, dictó un auto de No Ha Lagar en favor del oficial Méndez Guzmán y otras personas que habían sido acusados de la muerte a tiros del deportado Miguel Báez de la Paz (Miguelin), ocurrido el 2 de febrero del 2005, en el sector Isabelita.
En su sentencia los magistrados Olga Herrera Carbuccia, Irohito Reyes y Carmen Fortuna Belliard, declararon además la extinción de la acción penal del proceso y el cese de las medidas de coerción impuesta por el primer juzgado de la Instrucción de la Provincia Santo Domingo en octubre del 2005 contra el oficial.
Con la decisión la Corte de Apelación del referido departamento judicial ratifica la sentencia de No Ha Lugar emitida por el Tercer Juzgado de la Instrucción de la Provincia Santo Domingo, emitida el 26 de junio del 2006, a favor del coronel policial y los demás implicados.
El oficial de la Policía había sido involucrado en el crimen por una sarta de envidias y mentiras orquestadas por Víctor Adames de la Paz (Víctor) y Víctor Hamlet de la Paz (Patica), parientes de la víctima, y quienes habían llegado al país deportado de Estados Unidos luego de haber cumplido condenas por narcotráfico en esa nación.
Según declaraciones de familiares del coronel Méndez Guzmán, Víctor y Patica trataron de involucrar al oficial y la señora Echavarría Flores en el crimen con el objetivo de apoderarse de los bienes y propiedades de Báez de la Paz.
Miguelín fue muerto de varios balazos en la marquesina de su casa, en el sector Isabelita, el dos de febrero del 2005, por dos desconocidos que viajaban en un carro color azul marino.
La jueza del Tercer Juzgado de la Instrucción de la provincia Santo Domingo favoreció con un No Ha Lugar a un teniente coronel de la Policía, a un raso esa institución y dos civiles acusado de matar a un hombre en febrero del 2005.
El coronel Manuel Antonio Méndez Guzmán (Ereren), el raso José Manuel Echevarria y los civiles Geovanny Sánchez Roa y Milagros Antonio Echevarria Flores fueron favorecidos con la decisión de la magistrada Karen Mejía al no encontrar ningún elemento de pruebas que comprometieran su responsabilidad penal.
El oficial, el raso y los civiles fueron favorecidos durante el juicio preliminar ventilado ayer y que concluyó en horas de la anoche.
Los representantes del Ministerio Público pidieron al tribunal que el grupo fuera enviado a juicio bajo la acusación de supuestamente violar los artículos 295, 296, 297,298 y 302 del Código Penal, sin aportar pruebas.
La defensa de los inculpados estuvo encabezada por el doctor Freddy Mateo Calderón y la licenciada Ingrid Peña, Defensora Pública; Ambiorix Contreras y Juan Demóstenes Cotes Morales. Mientras que la parte civil la representó el doctor Tomas Castro.
Es la segunda vez que el oficial es favorecido con un No Ha Lugar, luego que la Cámara Penal de la Corte de Apelación de la Provincia Santo Domingo, en septiembre 2006, dictó un auto de No Ha Lagar en favor del oficial Méndez Guzmán y otras personas que habían sido acusados de la muerte a tiros del deportado Miguel Báez de la Paz (Miguelin), ocurrido el 2 de febrero del 2005, en el sector Isabelita.
En su sentencia los magistrados Olga Herrera Carbuccia, Irohito Reyes y Carmen Fortuna Belliard, declararon además la extinción de la acción penal del proceso y el cese de las medidas de coerción impuesta por el primer juzgado de la Instrucción de la Provincia Santo Domingo en octubre del 2005 contra el oficial.
Con la decisión la Corte de Apelación del referido departamento judicial ratifica la sentencia de No Ha Lugar emitida por el Tercer Juzgado de la Instrucción de la Provincia Santo Domingo, emitida el 26 de junio del 2006, a favor del coronel policial y los demás implicados.
El oficial de la Policía había sido involucrado en el crimen por una sarta de envidias y mentiras orquestadas por Víctor Adames de la Paz (Víctor) y Víctor Hamlet de la Paz (Patica), parientes de la víctima, y quienes habían llegado al país deportado de Estados Unidos luego de haber cumplido condenas por narcotráfico en esa nación.
Según declaraciones de familiares del coronel Méndez Guzmán, Víctor y Patica trataron de involucrar al oficial y la señora Echavarría Flores en el crimen con el objetivo de apoderarse de los bienes y propiedades de Báez de la Paz.
Miguelín fue muerto de varios balazos en la marquesina de su casa, en el sector Isabelita, el dos de febrero del 2005, por dos desconocidos que viajaban en un carro color azul marino.
sábado, 5 de enero de 2008
Condenan 30 y 20 años de prisión asesinos de Juan Manuel
El Segundo Tribunal Colegiado del Distrito Nacional condenó este sábado a 30 y 20 años de prisión y al pago de 55 millones de pesos de indemnización a tres hombres, al encontrarlos culpables de matar a balazos el 27 de julio del 2005 Angel Bello Pérez (Juan Manuel) de 44 años, en un hecho ocurrido en el elevado de la avenida 27 de Febrero esquina calle Abreu, en las proximidades del sector Villa Consuelo, luego que éste canjeara 206 mil dólares en la Casa de Cambio Hermanos Solano.
Los condenó a son Franklin Román Polanco Tamares y Edward Kendrick Pérez Ramírez, quien fueron sentencias a la pena máxima de 30 años y a Omar Dante Jiménez Hilario a 20 años de cárcel.
Los dos primeros fueron encontrados culpables de robo con violencia, homicidio agravado y asociación de malhechores por lo que deberán cumplir la pena en la cárcel de La Victoria.
En tanto que Jiménez Hilario, fue sentenciado a 20 años por complicidad, en la cárcel de Najayo, San Cristóbal, ya que fue la persona que convocó a los autores materiales del crimen informándole que la víctima iba a salir con más de 6 millones de pesos.
Los jueces Sarah Beras, quien presidio el tribunal, Daira Cira Medina e Ingrid Fernández, se retiraron a deliberar a la 6:30 de mañana y leyeron el fallo a la 8:30 de la mañana, difiriendo la lectura integra de la sentencia para el 14 del presente mes.
Previo al fallo de la sentencia, los jueces decidieron declarar en rebeldía a José Franklin Tavarez (Papo), ordenando su arresto e impedimento de salida, luego que el tribunal se percatara que éste se ausentara de la sala de audiencia, quien gozaba de libertad provisional bajo fianza.
En su dictamen, los fiscales adjuntos Francisco Polanco, Luis González y Fabián Melo, habían pedido al tribunal sentenciar a 30 años de prisión a los imputados por haber cometidos los hechos que se le imputan y declarar en rebeldía a Franklin Tavárez tal como establece el Código Procesal Penal.
El grupo persiguió e interceptó a Bello Pérez cuando trataba de escapar de la persecución en una camioneta de doble cabina con dos placas, la LB-SP63 y la L-001101.
Las balas hirieron en la cabeza, el pecho y los brazos a Bello Pérez, según certificó el médico legista. Residía en la calle Marcos A. Cabral 26, del ensanche Ozama.
Fernández Tavárez se ausentó del tribunal, luego de que testigos los identificaran en el tribunal como una de las personas que participó en el asesinato de Bello Pérez.
El hecho ocurrió luego que uno de los abogados pidiera un receso de 10 minutos para buscar un documento que no aparecía en la pieza acusatoria.
Mientras los fiscales sostienen que la sentencia del tribunal fue una decisión justa, apegada a todos los elementos del proceso que salieron a relucir durante el juicio.
Momento en que el tribunal concluía la lectura del fallo, la madre de Ángel Pérez Bello, Nidia Pérez de Bello irrumpió en llanto y felicitó a las magistradas por emitir una sentencia ajustada, tal como los familiares de la víctima venían reclamando.
Manuel Bello, padre de la víctima, Carlito y Fermín Bello Pérez, sus hermanos, se mostraron satisfechos con la decisión del tribunal por considerar que se hizo justicia, por lo que esperan que el Poder Judicial se mantenga dictando sentencia ejemplarizadora.
El otro incidente se produjo cuando las partes estaban presentado sus conclusiones y en ese momento otro de los acusados, Pérez Ramírez, dijo que se sentía mal de salud por lo que las magistradas solicitaron que el mismo fuera asistido por el médico legista de apellido Dotel, dando un receso hasta la 10 de la noche del día anterior, ya que la audiencia inició a las dos de la tarde y terminó pasada las ocho de la mañana de hoy.
El medicó legista luego de asistir al preso, diagnosticó que éste podía seguir en el juicio, a lo que la defensa del imputado se oponía alegando que se seguía sintiendo mal de salud, por lo que las juezas decidieron aplazar el proceso hasta la una de la madrugada, continuando el tribunal con el juicio.
martes, 21 de agosto de 2007
Duverge en el tiempo IV, continuación
En este panorama, el servicio médico moderno en el entorno municipal se limitaba a policlínicas. En la mayoría de aldeas la medicina moderna era un ausente, y la población sólo visitaba los hospitales de las cabeceras provinciales vecinas en casos excepcionales de enfermedades agudas. Hasta inicios de la década de 1990 los curanderos suplían gran parte de los requerimientos de salud incluso entre la porción más pobre de la propia cabecera municipal. Indicador del peso de los curanderos era la existencia en Duvergé de más de diez altares, a inicios de la década de 1990, cuyos dueños normalmente hacían las veces de curanderos.
Algo similar era visible en el servicio educativo. Tras la muerte de Trujillo únicamente los sectores menos pobres tuvieron acceso a la educación secundaria establecida en las comunidades cercanas a la común cabecera. Incluso en ellas, generalmente hasta la década de 1970, las escuelas consistían en edificaciones precarias, donde la oferta se limitaba a los primeros cursos de la primaria.
El patrón social premoderno se expresaba, tanto en el campo como en el poblado, en la inexistencia de organizaciones de la masa popular. La pobreza era vivida con resignación. En todo caso, las mejorías de las condiciones de vida se esperaban que llegaran solas desde fuera. Al decir de prácticamente todos los entrevistados, la inercia ha proveído la nota dominante de la actitud ante la vida de los lugareños.
Desde la década de 1960 advino un nuevo proceso social y consistente en la generalización del proceso migratorio y su acompañamiento por la introducción de la educación secundaria y las expectativas de mejoría social por la difusión de nuevos conceptos culturales a través de los medios de comunicación. Los jóvenes de condiciones menos favorecidas pasaron a estar atraídos por el ascenso por vía de la educación.
En contraste con el patrón tradicional de restricción de la educación por imperativo de la inserción laboral temprana en el conuco familiar, los que concluían la educación secundaria pasaron a adquirir nuevas nociones de promoción. Para ella se tornaba indispensable el abandono de la comunidad, y quienes lo lograron tendieron a no retornar a residir allí nunca más.
El proceso coincidía con el fenómeno de expulsión creciente de la población sobrante por efecto de la descomposición de la agricultura y de los procesos de modernización.
La emigración definitiva de la gran mayoría de los más educados en generaciones recientes no ha hecho más que empeorar, en términos relativos, la condición marginal del entorno espacial. El indicador principal de ese proceso ha sido el progresivo vaciamiento de Pueblo Arriba, cuya población ha venido siendo sustituida por la del antiguo Pueblo Abajo, a su vez invadido por inmigrantes más pobres de los campos.
Desde mediados de siglo no pocos campesinos han eludido las escalas, directamente acudiendo a engancharse en los cuerpos militares y policiales, comportamiento en que se han distinguido algunas comunidades, como Venganaver.
Como parte de esta trama, ni siquiera tras la muerte de Trujillo emergieron en las aldeas planos asociativos para emprender obras o mejorar condiciones de vida y trabajo. En el poblado las asociaciones se limitaban a dos o tres actividades, principalmente los maestros y los empleados de obras públicas. En las entrevistas se puso de manifiesto que el miedo a la autoridad instituido durante la «larga noche» del trujillato, aunque atenuado, no había desaparecido en las tres décadas posteriores como una de las claves de la reproducción de las relaciones de poder.
El correlato de la pasividad tenía que ser la resignación para los que permanecían y el propósito de emigrar por parte de aquellos que entendían que sólo el entorno exterior brindaba medios para la promoción social.
En este vacío social entre quienes permanecían cobraba cuerpo el reflejo consuetudinario de protección mutua a través de la religiosidad, que operaba además como respuesta peculiar ante la pobreza.
Próximo Tema: Caquén y la Hermandad del Santo Cristo
Algo similar era visible en el servicio educativo. Tras la muerte de Trujillo únicamente los sectores menos pobres tuvieron acceso a la educación secundaria establecida en las comunidades cercanas a la común cabecera. Incluso en ellas, generalmente hasta la década de 1970, las escuelas consistían en edificaciones precarias, donde la oferta se limitaba a los primeros cursos de la primaria.
El patrón social premoderno se expresaba, tanto en el campo como en el poblado, en la inexistencia de organizaciones de la masa popular. La pobreza era vivida con resignación. En todo caso, las mejorías de las condiciones de vida se esperaban que llegaran solas desde fuera. Al decir de prácticamente todos los entrevistados, la inercia ha proveído la nota dominante de la actitud ante la vida de los lugareños.
Desde la década de 1960 advino un nuevo proceso social y consistente en la generalización del proceso migratorio y su acompañamiento por la introducción de la educación secundaria y las expectativas de mejoría social por la difusión de nuevos conceptos culturales a través de los medios de comunicación. Los jóvenes de condiciones menos favorecidas pasaron a estar atraídos por el ascenso por vía de la educación.
En contraste con el patrón tradicional de restricción de la educación por imperativo de la inserción laboral temprana en el conuco familiar, los que concluían la educación secundaria pasaron a adquirir nuevas nociones de promoción. Para ella se tornaba indispensable el abandono de la comunidad, y quienes lo lograron tendieron a no retornar a residir allí nunca más.
El proceso coincidía con el fenómeno de expulsión creciente de la población sobrante por efecto de la descomposición de la agricultura y de los procesos de modernización.
La emigración definitiva de la gran mayoría de los más educados en generaciones recientes no ha hecho más que empeorar, en términos relativos, la condición marginal del entorno espacial. El indicador principal de ese proceso ha sido el progresivo vaciamiento de Pueblo Arriba, cuya población ha venido siendo sustituida por la del antiguo Pueblo Abajo, a su vez invadido por inmigrantes más pobres de los campos.
Desde mediados de siglo no pocos campesinos han eludido las escalas, directamente acudiendo a engancharse en los cuerpos militares y policiales, comportamiento en que se han distinguido algunas comunidades, como Venganaver.
Como parte de esta trama, ni siquiera tras la muerte de Trujillo emergieron en las aldeas planos asociativos para emprender obras o mejorar condiciones de vida y trabajo. En el poblado las asociaciones se limitaban a dos o tres actividades, principalmente los maestros y los empleados de obras públicas. En las entrevistas se puso de manifiesto que el miedo a la autoridad instituido durante la «larga noche» del trujillato, aunque atenuado, no había desaparecido en las tres décadas posteriores como una de las claves de la reproducción de las relaciones de poder.
El correlato de la pasividad tenía que ser la resignación para los que permanecían y el propósito de emigrar por parte de aquellos que entendían que sólo el entorno exterior brindaba medios para la promoción social.
En este vacío social entre quienes permanecían cobraba cuerpo el reflejo consuetudinario de protección mutua a través de la religiosidad, que operaba además como respuesta peculiar ante la pobreza.
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jueves, 31 de mayo de 2007
Duverge en el Tiempo: Parte III
El paisaje de la marginación I
Los procesos de modernización a escala nacional alcanzaron de manera muy restringida el entorno damero. Lo hicieron, en todo caso, de dos maneras básicas. Por una parte, mediante la institucionalización de las funciones públicas en la cabecera municipal, lo que coincidió básicamente con la expansión del gasto público desde fines de la década de 1940. A lo sumo, este proceso consolidó un estrato superior, como se ha visto, en lo fundamental vinculado a funciones en el aparato público, quedando excluido el resto de la sociedad, sobre todo el ubicado fuera de la cabecera provincial.
El segundo aspecto radicó en cierta expansión de los servicios estatales, pero con tales niveles de precariedad que no lograban contrarrestar factores globales de deterioro del nivel de vida por efecto de la degradación del medio natural. El punto focal de la contradicción se situó en la incompatibilidad entre el incremento de la población y las demandas de mayores excedentes en el contexto global de modernización con la continuidad de procedimientos técnicos en la agricultura en la escala local.
El saldo de ese proceso ha sido la persistencia de condiciones paupérrimas de vida, que en términos relativos ha conllevado una profundización de ciertos planos de la pobreza. Se advierte, en tal sentido, el contraste de ritmos entre la dinámica de la economía y la prosternación de un espacio local. La vida cotidiana se ha seguido desenvolviendo en las últimas décadas de acuerdo a un patrón de pobreza y modestia absolutamente contrastante con las realizaciones que exhibe el sistema económico en los estratos medios urbanos. Los pobladores rurales han sido los más afectados por ese patrón de desigualdad espacial y clasista.
Un primer elemento de base a ser tomado en consideración al respecto ha sido la imposibilidad de sostener la productividad agrícola de acuerdo a los requerimientos de bienes. Como se ha apuntado, la forma en que se efectuaron las obras de regadío, sobre todo los canales de riego construidos por el estado en la década entre 1945 y 1955, resultó en severos daños sobre la calidad de la tierra, que ningún servicio técnico o extensionista pudo atenuar en forma suficiente. Incluso, tras la muerte de Trujillo se advierte una disminución de la asistencia en aspectos técnicos y de mantenimiento de las obras vinculadas con la irrigación artificial. Gran parte de la extensión de los canales cayó en desuso, fuera por el deterioro de la tierra o por la no aplicación de trabajos de reparación, dado que generalmente no estaban encachados con cemento.
Desde fines finales de los años cincuenta se acudió al procedimiento de cavar pozos, con efectos muy limitados, para no decir que contraproducentes. Por una parte, el abuso en la extracción de agua en algunos puntos provocó una disminución perjudicial del nivel freático. Pero, mayormente, los pozos ni siquiera fueron puestos en operación por ausencia de bombas extractivas o la no reparación de las que se instalaron. En el ínterin, la percepción subjetiva resentía un estrago del entorno natural, considerándose crecientes y más intensos los ciclos de extrema sequía, llegando a veces hasta a cuatro años consecutivos.
Resulta difícil evaluar la evolución del producto agrícola, pero de seguro entró en un proceso de estancamiento tras el impacto decreciente de las obras de irrigación. El resultado principal ha sido el mantenimiento de niveles de dieta deplorables para la mayoría de la población. El patrón alimenticio del campesinado ponía el énfasis en una comida fuerte tras las labores, concluyendo el día. Estaba claro, como lo ponen de relieve los informes de los alumnos de la Universidad Pedro Henríquez Ureña, en el Segundo Informe del Curso UNPHU-ODC, publicado en enero de 1970, que el grueso de la alimentación dependía de víveres producidos por el propio campesino.
Los animales de crianza estaban concebidos fundamentalmente para la venta, como medio para obtener pequeños recursos en metálico. La gran mayoría de la población no lograba una dieta balanceada con un componente proteínico suficiente. Como corolario básico de estos procesos, desde la década de 1950 apareció el fenómeno inédito de la insuficiencia alimenticia absoluta.
En términos generales, el acceso a otro tipo de bienes y servicios se mantenía estancado, equivaliendo a una perpetuación absoluta de la pobreza que cobraba mayor peso relativo por el contraste con lo que acontecía en los polos urbanos. A su vez, esto se traducía en el desfase entre pueblo y campo.
La población de Duvergé, ciertamente, recibió cierto impacto relativo de la modernidad, mediante servicios como el agua potable y la electricidad. Pero hasta la década de 1970 esos y otros servicios generalmente siguieron ausentes de las comunidades rurales, tanto de llanura como de montaña. Los caminos interiores se han caracterizado siempre por el mal estado, dificultando el traslado de los productos. Dada la inclinación abrupta de las montañas que confluyen en el valle, cuando era corriente el uso de vehículos de motor llanura, se consideraba una proeza la «escalada» a los conucos. Este aislamiento tenía mayor efecto, en la medida en que el deterioro de la agricultura de llanura tenía por efecto la intensificación de la tendencia al traslado temporal o permanente a zonas montañosas.
Pero, aun llegara el transporte mecanizado a las comunidades estas seguían con un patrón que evidenciaba que se encontraban de espaldas a los procesos de modernización. Por una parte, casi hasta el presente los caseríos han estado conformados al margen del concepto de calles, por efecto del no impacto del transporte motorizado. Las casas, simplemente, se ubicaban de manera desordenada y se relacionaban de tal manera que se asegurara el patio contiguo para guardar animales. Para los observadores del exterior esto equivalía a una imagen parecida al prototipo de la aldea africana.
Hasta hace poco, fuera de Duvergé y de la colonia mixta, casi todas las viviendas estaban hechas de paredes de tabla de palma, techos de guano y pisos de tierra. Una parte de las casas tenían la original forma de las «cuatro aguas», por considerarse más acorde con el entorno. Las más pobres tenían las paredes de «tabiques», siendo la frecuencia de este tipo correlativa con la condición misérrima de sus moradores. Mientras las viviendas de Duvergé en general se caracterizaban por tener dos o tres dormitorios, en el campo únicamente constaban de uno, además de una sala. De tal manera, toda la familia debía dormir en una única habitación común. La cocina, como es típico del medio rural de todo el país, seguía ubicada fuera de la casa, consistiendo en un muy precario rancho a menudo carente de paredes.
La letrina se generalizó en Duvergé bastante temprano, mas no así en los caseríos, donde hasta la década de 1970 se utilizaba en una minoría de las viviendas. Por último, en tal conformación del hábitat sobresalían las cercas de empalizadas, al igual que en gran parte de los conucos, básicamente de dos tipos: el guadubú, exclusivamente de palos verticales; y el palenque, de palos cruzados.
En los caseríos se perpetuaba la marginación por efecto de la no llegada de los servicios modernos. La electricidad todavía estaba ausente en la mayor parte de ellos hasta avanzada la década de 1970. Lo mismo acontecía con el agua potable, lo que tenía consecuencias harto perjudiciales para la salud. De más en más la reducción del caudal de arroyos y cachones agudizaba la carestía de agua para el consumo humano.
Había entonces a menudo que trasladarse a ciertas distancias para obtener agua. Las fuentes no ofrecían garantías para el consumo humano, sobre todo por usarse esas aguas para regadío y consumo de animales. La generalidad de esa población pobre ni siquiera tenía el criterio de un sitio específico para el baño. No es de extrañar que proliferaran las enfermedades gastrointestinales, aunque había otras enfermedades, por ejemplo, por efecto del escaso uso de calzado.
Continuará este tema
Los procesos de modernización a escala nacional alcanzaron de manera muy restringida el entorno damero. Lo hicieron, en todo caso, de dos maneras básicas. Por una parte, mediante la institucionalización de las funciones públicas en la cabecera municipal, lo que coincidió básicamente con la expansión del gasto público desde fines de la década de 1940. A lo sumo, este proceso consolidó un estrato superior, como se ha visto, en lo fundamental vinculado a funciones en el aparato público, quedando excluido el resto de la sociedad, sobre todo el ubicado fuera de la cabecera provincial.
El segundo aspecto radicó en cierta expansión de los servicios estatales, pero con tales niveles de precariedad que no lograban contrarrestar factores globales de deterioro del nivel de vida por efecto de la degradación del medio natural. El punto focal de la contradicción se situó en la incompatibilidad entre el incremento de la población y las demandas de mayores excedentes en el contexto global de modernización con la continuidad de procedimientos técnicos en la agricultura en la escala local.
El saldo de ese proceso ha sido la persistencia de condiciones paupérrimas de vida, que en términos relativos ha conllevado una profundización de ciertos planos de la pobreza. Se advierte, en tal sentido, el contraste de ritmos entre la dinámica de la economía y la prosternación de un espacio local. La vida cotidiana se ha seguido desenvolviendo en las últimas décadas de acuerdo a un patrón de pobreza y modestia absolutamente contrastante con las realizaciones que exhibe el sistema económico en los estratos medios urbanos. Los pobladores rurales han sido los más afectados por ese patrón de desigualdad espacial y clasista.
Un primer elemento de base a ser tomado en consideración al respecto ha sido la imposibilidad de sostener la productividad agrícola de acuerdo a los requerimientos de bienes. Como se ha apuntado, la forma en que se efectuaron las obras de regadío, sobre todo los canales de riego construidos por el estado en la década entre 1945 y 1955, resultó en severos daños sobre la calidad de la tierra, que ningún servicio técnico o extensionista pudo atenuar en forma suficiente. Incluso, tras la muerte de Trujillo se advierte una disminución de la asistencia en aspectos técnicos y de mantenimiento de las obras vinculadas con la irrigación artificial. Gran parte de la extensión de los canales cayó en desuso, fuera por el deterioro de la tierra o por la no aplicación de trabajos de reparación, dado que generalmente no estaban encachados con cemento.
Desde fines finales de los años cincuenta se acudió al procedimiento de cavar pozos, con efectos muy limitados, para no decir que contraproducentes. Por una parte, el abuso en la extracción de agua en algunos puntos provocó una disminución perjudicial del nivel freático. Pero, mayormente, los pozos ni siquiera fueron puestos en operación por ausencia de bombas extractivas o la no reparación de las que se instalaron. En el ínterin, la percepción subjetiva resentía un estrago del entorno natural, considerándose crecientes y más intensos los ciclos de extrema sequía, llegando a veces hasta a cuatro años consecutivos.
Resulta difícil evaluar la evolución del producto agrícola, pero de seguro entró en un proceso de estancamiento tras el impacto decreciente de las obras de irrigación. El resultado principal ha sido el mantenimiento de niveles de dieta deplorables para la mayoría de la población. El patrón alimenticio del campesinado ponía el énfasis en una comida fuerte tras las labores, concluyendo el día. Estaba claro, como lo ponen de relieve los informes de los alumnos de la Universidad Pedro Henríquez Ureña, en el Segundo Informe del Curso UNPHU-ODC, publicado en enero de 1970, que el grueso de la alimentación dependía de víveres producidos por el propio campesino.
Los animales de crianza estaban concebidos fundamentalmente para la venta, como medio para obtener pequeños recursos en metálico. La gran mayoría de la población no lograba una dieta balanceada con un componente proteínico suficiente. Como corolario básico de estos procesos, desde la década de 1950 apareció el fenómeno inédito de la insuficiencia alimenticia absoluta.
En términos generales, el acceso a otro tipo de bienes y servicios se mantenía estancado, equivaliendo a una perpetuación absoluta de la pobreza que cobraba mayor peso relativo por el contraste con lo que acontecía en los polos urbanos. A su vez, esto se traducía en el desfase entre pueblo y campo.
La población de Duvergé, ciertamente, recibió cierto impacto relativo de la modernidad, mediante servicios como el agua potable y la electricidad. Pero hasta la década de 1970 esos y otros servicios generalmente siguieron ausentes de las comunidades rurales, tanto de llanura como de montaña. Los caminos interiores se han caracterizado siempre por el mal estado, dificultando el traslado de los productos. Dada la inclinación abrupta de las montañas que confluyen en el valle, cuando era corriente el uso de vehículos de motor llanura, se consideraba una proeza la «escalada» a los conucos. Este aislamiento tenía mayor efecto, en la medida en que el deterioro de la agricultura de llanura tenía por efecto la intensificación de la tendencia al traslado temporal o permanente a zonas montañosas.
Pero, aun llegara el transporte mecanizado a las comunidades estas seguían con un patrón que evidenciaba que se encontraban de espaldas a los procesos de modernización. Por una parte, casi hasta el presente los caseríos han estado conformados al margen del concepto de calles, por efecto del no impacto del transporte motorizado. Las casas, simplemente, se ubicaban de manera desordenada y se relacionaban de tal manera que se asegurara el patio contiguo para guardar animales. Para los observadores del exterior esto equivalía a una imagen parecida al prototipo de la aldea africana.
Hasta hace poco, fuera de Duvergé y de la colonia mixta, casi todas las viviendas estaban hechas de paredes de tabla de palma, techos de guano y pisos de tierra. Una parte de las casas tenían la original forma de las «cuatro aguas», por considerarse más acorde con el entorno. Las más pobres tenían las paredes de «tabiques», siendo la frecuencia de este tipo correlativa con la condición misérrima de sus moradores. Mientras las viviendas de Duvergé en general se caracterizaban por tener dos o tres dormitorios, en el campo únicamente constaban de uno, además de una sala. De tal manera, toda la familia debía dormir en una única habitación común. La cocina, como es típico del medio rural de todo el país, seguía ubicada fuera de la casa, consistiendo en un muy precario rancho a menudo carente de paredes.
La letrina se generalizó en Duvergé bastante temprano, mas no así en los caseríos, donde hasta la década de 1970 se utilizaba en una minoría de las viviendas. Por último, en tal conformación del hábitat sobresalían las cercas de empalizadas, al igual que en gran parte de los conucos, básicamente de dos tipos: el guadubú, exclusivamente de palos verticales; y el palenque, de palos cruzados.
En los caseríos se perpetuaba la marginación por efecto de la no llegada de los servicios modernos. La electricidad todavía estaba ausente en la mayor parte de ellos hasta avanzada la década de 1970. Lo mismo acontecía con el agua potable, lo que tenía consecuencias harto perjudiciales para la salud. De más en más la reducción del caudal de arroyos y cachones agudizaba la carestía de agua para el consumo humano.
Había entonces a menudo que trasladarse a ciertas distancias para obtener agua. Las fuentes no ofrecían garantías para el consumo humano, sobre todo por usarse esas aguas para regadío y consumo de animales. La generalidad de esa población pobre ni siquiera tenía el criterio de un sitio específico para el baño. No es de extrañar que proliferaran las enfermedades gastrointestinales, aunque había otras enfermedades, por ejemplo, por efecto del escaso uso de calzado.
Continuará este tema
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